La Final Esperada

Tan lejos, tan cerca:

Era el último jueves de julio, recién terminaba un muy esperado mundial de futbol y empezaban las Fiesta Patrias. En mi inbox saltó un nuevo email: “Dear TechCrunch Fan”. Era una invitación para aplicar al primer concurso de TechCrunch en Latinoamérica. TechCrunch siempre había sido para mí un referente de tecnología y startups que marcaban grandes hitos en el ecosistema mundial. Desde que empecé leer ese medio – casi de forma obligatoria para enterarme de lo que pasaba en el sector tech – me consideraba, efectivamente, un fan.

Las aplicaciones cerraban la primera semana de agosto. No había mucho tiempo que perder. Por suerte, era época de vacaciones en Perú. En mi agenda tenía pocas reuniones ya que la mayoría de nuestros clientes y prospectos estaban descansando, recargándose para empezar la segunda mitad del año. Gracias a un equipo muy comprometido, completamos el formulario, un video demo con nuestro software y otro video del equipo. Terminamos a tiempo y – ‘send’ – postulamos sin muchas expectativas, pero contentos de haber dado lo mejor de nosotros.

Nos habíamos olvidado del tema cuando, a mitad de setiembre recibí otro email de TechCrunch.“Dear Space AG, YOU DID IT!. You’ve been accepted into TechCrunch’s Startup Battlefield in Latin America but SHHHHH, you can’t tell anyone”. La hicimos!  Desbordábamos de haber sido seleccionados entre las 15 startups de etapa temprana más disruptivas de la región pero… shhhhh… no le podíamos contar a nadie. TechCrunch tiene como política un “press embargo” que impide a cualquier finalista publicar algo al respecto hasta la fecha del evento. De lo contrario, quedaríamos automáticamente eliminados.

Nunca estamos listos, hasta que estamos listos:

Una semana después, empezó la preparación que iba a durar ocho semanas. Revisiones del pitch, escribir y reescribir el guión, afinar la demo de nuestro producto. Cada semana tuvimos reuniones virtuales con diferentes personas del team de TechCrunch USA que destrozaban nuestro deck para empezar a construir un mensaje mucho más claro, directo y contundente.  Las primeras semanas fueron difíciles, nos forzaron a mirarnos al espejo y a descubrir que había muchas cosas por mejorar. Poco a poco fuimos agarrando ritmo, creando un deck más gráfico, puliendo y memorizando el guión, contando cada segundo de los 6 minutos del pitch. Para la última semana, estábamos listos o – por lo menos – eso creíamos.

El evento era el jueves 8 de noviembre. Llegamos el domingo previo a Sao Paulo para empezar el lunes con los talleres intensivos de TechCrunch que servirían para seguir preparándonos para el evento. Lunes, martes y miércoles fueron días sin tregua. Subiríamos una planta al escenario, la regaríamos en vivo para mostrar como nuestra placa de comunicaciones se integra con cualquier sensor del campo y dispara una alerta de riego a nuestro software web, usando protocolos disruptivos de IoT.

Sin embargo, nuestra placa viajaba por correo con un sensor de humedad y otros cables y accesorios desde Minas Gerais – donde nuestro Gerente de Robótica y Electrónica tiene el taller y – gracias a problemas burocráticos muy normales en Brasil – el hardware llegó a última hora al hotel. El miércoles antes de la prueba en vivo, compramos una planta después de caminar varios supermercados y conectamos la placa, el sensor y los cables – recién sacados de su caja – escribiendo el código para generar la alerta automática a nuestro software. Al mismo tiempo, memorizábamos un nuevo guion, en inglés, para tenerlo listo en un tiempo record de menos de seis minutos y nos esforzábamos en imaginarlos todas las posibles preguntas del Q&A para redactar posibles respuestas.

Luces, cámara y acción:

Llegó el día del evento. La producción de TechCrunch fue realmente espectacular. Las 15 startups presentarían en tres grupos de cinco. Cada presentación duraría 10 minutos: 6 de pitch más 4 de preguntas y respuestas. Nos tocó en el segundo grupo. En la audiencia había casi mil espectadores, entre ellos muchas de las empresas e inversionistas más importantes de la región. A las 9am nos habían dado luz verde para comunicar nuestra noticia en las redes. Nuestro equipo y nuestros inversionistas en Lima estaban expectantes. Era gracias a su esfuerzo y a su compromiso que estábamos ahí ahora. Queríamos dejar el nombre de Perú en alto, por ellos y por todo nuestro ecosistema de innovación que se merece grandes logros y resultados.

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Guillermo de Vivanco y Adolfo Valdivieso presentando en TechCrunch Startup Battlefield

Subimos al escenario, planta en mano y corazón en boca. Empezamos nuestro pitch y el deck no cargaba en las pantallas. El día anterior la prueba técnica había salido perfecta pero claro, las cosas fallan en los momentos más críticos. Finalmente, arrancamos con un público muy alentador. La presentación nos salió bien y el Q&A lo manejamos con calma. Luego bajamos a la audiencia a escuchar las presentaciones de los otros finalistas. Startups de Brasil, Argentina, México, Colombia, Chile y Uruguay se lucían con presentaciones de muy alto nivel. Las 15 startups desfilamos por el escenario, cada una reduciendo en 10 minutos un gran esfuerzo de varias semanas, dando en cada segundo su mejor versión. Era momento de esperar a las 5 mejores que se disputarían el premio final.

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Los jurados y audiencia de Techcrunch Startup Battlefield

Cuando anunciaron a los ganadores y no estábamos entre ellos, la decepción fue poca comparada con la gratificación de estar ahí, presentes. El premio mayor se lo llevó una startup de Brasil – Olho do Domo – que había desarrollado una tecnología para estimar el peso de las vacas con una simple foto. Los fundadores eran dos jóvenes muy talentosos que habían demorado casi tres años en lanzar su producto: un premio más que merecido por el esfuerzo y la perseverancia.

Sin partido, no hay resultados:

Ya en Lima y pensando en los aprendizajes que nos llevamos de esta experiencia, se vinieron muchos a mi mente. Siempre había considerado que los premios pueden ser poco relevantes y muchas veces distraer a un equipo emprendedor de lograr su meta más importante: validar y escalar sus soluciones en el mercado. He escuchado mencionar la palabra “Premitis” que se les adjudica a startups que ganan muchos premios pero que luego no crecen por la incapacidad de encontrar un mercado para su producto. Me parece que esta calificación puede ser limitada y deja mucho sobre la mesa.

La realidad es que el premio en sí no es lo importante, lo que realmente vale es el contexto en el que se compite y lo que se puede aprender en el proceso. Si te toca asistir a una competencia donde vas a medirte, conocer y compartir con las mejores emprendedoras y emprendedores de la región, donde los jueces van ha ser los top VCs que pueden aconsejarte y guiarte con sus preguntas y comentarios, y donde vas a tener gran visibilidad; no hay nada que discutir: postula y compite. No solo eso, busca este tipo de concursos. Aquellos donde pienses que es más difícil calificar o ganar. Justamente porque requieren el mayor esfuerzo, te darán el mayor aprendizaje y la mayor gratitud.  Quedará siempre contigo, el alto nivel de análisis y preparación que te servirán para reforzar tu mensaje ya sea para futuros clientes e inversionistas o para cualquier otro grupo de interés al que quieras llegar.

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Los finalistas de TechCrunch Startup Battlefield

Existen varios concursos y procesos de aceleración en todo el mundo a los que cualquier startup peruana puede aplicar. Intuyo que, en muchas ocasiones, nuestros emprendedores no se animan porque no llegan a convencerse a ellos mismos sobre sus posibilidades. Nos cuesta creérnosla. Nos da miedo el rechazo. Es ahi donde perdemos antes de empezar. Tenemos la capacidad (o podemos construirla). Y si acaso nos rechazan y fracasamos, es un punto gigante a nuestro favor. Como emprendedores, debemos aprender a estar cómodos con el rechazo, debemos aceptar el fracaso como una herramienta para fortalecer nuestra coraza y salir más fuertes. Muchos clientes nos dirán que no, muchos inversionistas también, es parte del juego.  Si bien los resultados no siempre serán favorables, el proceso será enriquecedor.  Finalmente, ¿cómo lo sabremos? Si no tratamos. Para adelante.

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